La maternidad nos sorprende

  

Algunas veces nos preparamos para el embarazo, en otras el embarazo nos sorprende. Aveces asistimos a espacios donde nos preparan para el parto y pos parto. Pero de todas maneras nunca estamos super preparadas, nunca sabemos todo y la maternidad nos sorprende. Aun cuando sea el primero o el cuarto y supongo que seguirá sorprendiendo a cada mujer, llegue al embarazo que llegue.  Las primeras semanas con el bebé en brazos, yo diría el primer mes, es el tiempo en el que nos vemos en los mayores aprietos. Sobre todo si es el primero, si es el cuarto los aprietos son menores pero igual existen.  Estamos viviendo en una sociedad que nos empuja a ser independientes y productivas, nos empuja a estudiar y trabajar. Perdemos el contacto con la naturaleza, con los niños y con el que hacer doméstico. No, no estoy diciendo que debemos ser esclavas de la casa y la cocina y no debemos salir… No. El asunto es que la mujer tiene cada vez menos contacto con lo femenino y vive en un entorno donde su ser mujer es ocultado.  Esto nos lleva a las mujeres a perder nuestra intuición femenina a desprendernos de nuestro sexto sentido que Dios nos ha dado, no solo para solventar ese primer mes de ser madres, sino para la crianza en general. Y al tener al pequeño en brazos, que demanda tanto de una, nos sentimos acorraladas, dependientes y limitadas y nos preguntamos si volveremos a ser las mismas, si volveremos a ser libres, a tener nuestro tiempo.   

  

Pues ahora ya no eres la misma, ahora eres mamá y tu corazón se posa, por el resto de tu vida, sobre un nuevo ser; tu hijo. Pero no tengas miedo, Dios ha puesto en ti todos los dones necesarios para que puedas llevar a cabo este papel de la mejor manera. Tienes guardado dentro de ti todo lo que necesitas. Tus hijos tampoco serán para siempre tan dependientes. Ya tendrás tu tiempo y tu espacio. Pero por ahora siéntete libre de cargarlo en brazos, de dormir con el, de darle el pecho sin horarios preestablecidos, que sea a libre demanda (cuando él quiera), de que te acompañe al baño, a la mesa a todas partes; déjate fluir como mujer, fluye como mamá, busca tu feminidad.  Cierra tus ojos y busca tu corazón, ahí esta todo lo que necesitas. Todo lo que debes hacer con tu bebé sale de ahí. No tengas miedo de amarlo sin medida, no tengas miedo de no dejarlo llorar (aunque te digan lo contrario), si se te parte el alma verlo llorar; tómalo en brazos (no temas, ellos no se acostumbran al brazo), ofrécele el seno, mécelo, abrázalo, no reprimas tu intuición. Siéntete libre de contarle lo que estas sintiendo; tus miedos, tu angustia, tus penas, tus anhelos, tus emociones, tus alegrías. Más aún, si sientes ganas de llorar, no te aguantes; llora, llora junto a tu bebé en brazos. No tengas miedo, esto les hará bien a los dos, tu leche no se daña, ella será siempre perfecta en calidad y en cantidad.  Siéntete libre de ser mujer, siéntete libre de amar, de mimarlo, de protegerlo. Dale tiempo a tu ser de acoplarse a la nueva etapa de la vida, de acoplarse a un nuevo ser que depende de ti para todo.  Para todo hay tiempo en esta vida*, nada es para siempre. Todo lo que estas viviendo ahora pasará y lo recordaras con nostalgia, así que sácale el jugo a tu primer mes de ser mamá. Solo confía en ti, en tu ser mujer, en tu instinto maternal. Estas bien equipada, saca la fuerza que habita en tu interior, en lo más profundo de tu corazón.  

* “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Eclesiastes 3:1 (leer hasta el v. 13)

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