Rompiendo Paradigmas

Desde Julio que dejamos la escuela y nos enrumbamos en una nueva aventura. Los dos primeros meses fueron de vacaciones y en septiembre empezamos a sentir la ausencia del colegio. Por mi parte voy animada y muy entusiasmada en este caminar.

Es toda una tarea romper esquemas y liberarnos del sistema, ir contra corriente rompiendo paradigmas. No es mi primera vez; la primera fue la medicina, romper la tradicional forma de parir, yo aprendí por la formación que recibí, a ser fría e indiferente con la mujer en labor de parto. Creyendo que así me aseguraba yo de que la paciente haga lo que se le ordenara, imponiendo mi voluntad, agilitando mi trabajo y evitando los estorbos. Hasta que recibí, en carne propia, lo que había sembrado. Fue un golpe muy duro para mi, mi propio parto de sufrimiento y mal trato por el personal sanitario. Pero le doy gracias a Dios por haberme abierto mis ojos a la indiferencia, al dolor y al trauma. A través de mi segundo parto, respetado, lleno de amor hacia mi, de acompañamiento, de comprensión y calma, empecé a caminar contra corriente, rompiendo el paradigma del parto como una emergencia, un apuro y totalmente al poder del médico y las enfermeras llevándolo a ser un momento de sufrimiento, violencia y apuro. Donde la mujer no goza, no disfruta, no sueña, no vuela, no fluye, no se empodera ni tiene el protagonismo.

Pero cuan equivocada estaba y aún siguen algunos equivocados. Recuerdo en una reunión haber abogado por un parto normal aun después de haber tenido una primera cesárea, recuerdo haber dicho que luchen por ese parto vaginal y una de las tías diciendo:”para qué quieren sufrir? Tanto dolor, mejor una cesárea, rápido, rápido.” El Parto es un momento tan sublime, tan propio de cada mujer y un buen acompañamiento cambiará la historia y trascenderá a lo largo de la vida de una mujer.

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Voy en contra de la corriente cuando hablo a la gente de mi Dios, de lo poderoso que es Él, de que no solo creo en Él sino que también le creo. He dejado que Él tome las riendas de mi vida y encamine mis pasos, ahora puedo depositar mis cargas a sus pies y andar ligera y en libertad. Él ha quitado todo temor, me ha dado alas, va moldeando mi carácter y ante las amenazas tengo paz. Los temblores, terremotos, gobierno, crisis, Cotopaxi … Son enemigos que están bajo mis pies, que no pueden contra mi. Suelen no entender, burlarse o envidiar mi paz pero es que la paz que Él ha puesto en mi sobrepasa todo entendimiento humano.

Ahora voy en contra de la corriente educando a mis hijos en familia. Buscando un ambiente más respetuoso para ellos, donde nosotros, sus padres, seamos sus mentores, un buen ejemplo; exponiéndolos a un sin número de posibilidades, tratando de entenderlos y de conocerles mejor. Buscando que entre ellos se comprendan y logren acompañarse. Haciendo que nuestros lazos familiares sean más fuertes. Que nuestra vida no se rija al rededor del colegio y los deberes, donde no hay tiempo para casi nada. Sino que se base al rededor del núcleo familiar, de la vida diaria en familia, nuestra esencia, nuestras creencias y costumbres, tan juntos y entrelazados como los dedos del puño de la mano. Con tiempo para soñar, para dormir, para ver las nubes, para nadar, cocinar, pintar, ensuciar, correr, jugar, entrenar, reír, trasnochar, leer, aprender, investigar, visitar, escalar, pasear, viajar y hasta para aburrirse.

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Que mis hijos aprendan no por obligación ni por miedo, sino porque realmente de corazón quieren aprender, que tengan desde su interior el anhelo de ser mejores cada día y saber más. No por una nota, ni porque el profe dice, peor por pasar el año, sino por interés personal, por su propia voluntad y necesidad. Que mis hijos amen aprender y hagan lo que realmente les gusta y que descubran ahora lo que les gusta, no cuando entren a la universidad. Que mis hijos sean niños y aprovechen su infancia, la misma que no es sino el 10% de su larga vida. Que mis hijos se conozcan a ellos mismos, que sepan lo que son, lo que quieren y lo que buscan. Que nadie les diga lo que son, lo que deben aprender y estudiar, lo que deben buscar. Que sean autónomos y caminen en libertad, con su propio gusto por la vida. Que nadie les corte sus alas, que el mundo no los moldee y que el colegio no les imponga.

Que feliz estoy de no tener que lavarles la cabeza en las tardes después de clases, que feliz estoy de no lidiar más con los estorbos de los deberes, que feliz estoy de que tengamos más tiempo real en familia. Que feliz estoy de poder ser parte activa de su aprendizaje y de su vida diaria. Que feliz soy disfrutando el día a día en familia mientras vamos aprendiendo todos y juntos.

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.

Col.3:22

CANSADA DEL AÑO ESCOLAR

Estamos por terminar el año escolar y para mi ha sido un año muy fuerte. He visto lagrimas, angustia, estrés, miedo y malestar, mucho malestar. Tengo tres hijos escolarizados; sexto, tercero y primer grado. Y para los tres no ha sido un año agradable en el colegio. Ninguno de los tres se despierta en la mañana y piensa que es agradable ir al colegio, a ninguno de los tres les ha motivado su maestra, ninguno de los tres hace los deberes con alegría, ninguno está contento de aprender.

A medio año, al finalizar el primer quimestre, ya los veía muy desalentados. Y por más que me esforcé por animarles, no lo logré. Creo que ese era el trabajo de cada maestra. Lamentablemente ninguna lo ha podido hacer, ninguna se ha tomado la molestia de salirse un poco de su esquema y de buscar nuevas alternativas o formas de enseñanza para captar la atención de mis hijos y de algunos compañeritos más, supongo.

Hay unos niños que sí van al colegio como borreguitos, sin cuestionar nada. Hacen lo que les piden y ni preguntan para qué o por qué. Ese no es el caso de mis hijos. Este año ha sido cada tarde de deberes muy cuestionadas; para qué le sirve hacer ese deber?, por qué debe hacer como la profe le dice?, por qué no puede escribir con la forma de letra que a ella le agrada y tiene que hacer como está en el dibujo?, por qué tiene que hacer deberes si ya en la clase trabajó super bien?, para qué aprender eso que dice la profesora si no le gusta ese tema? Estas son unas de las pocas preguntas que me han hecho mis hijos a lo largo de este año escolar. Y yo simplemente ya NO doy más, ya no encuentro las respuestas, en realidad deberían enseñarles cosas que realmente les sirva en la vida… A cuántos de ustedes les ha servido en su día a día sacar las raíces cuadradas? Cuántos de ustedes sacan los cálculos lineales para vivir? Quién sabe de qué está compuesta una célula y para qué le sirve cada cosas? (A menos de que haya seguido biología o medicina) … Pero a quién le hubiese servido aprender a arreglar el interruptor? En fin, tantas cosas que nos enseñan en el cole y las repetimos en el kinder, en la primaria, en la secundaria y …. Llegamos a la U y ya nos hemos olvidado.

Este pensamiento de Mirko Badiale, que por cierto no se quien es él, pero su pensamiento es tan cierto, me ha impactado y es que a muchos niños al mandarlos a la escuela son tratados tan bruscamente que sus sueños se ven destruidos; los profesores quieren  niños quietos, callados, obedientes … Que no corran, que no griten, que no rompan ventanas de un balonazo … Que escriban con la mejor “caligrafía”, que pinten de colores adecuados, a quién se le ocurre pintar un sol azul? No! El sol es amarillo, o tomate … Pero azul, a quién se le ocurre? Y sin salirse de las líneas. Que usen dos colores, uno para los títulos, otro para el contenido, que tengan unos cuadernos al gusto del profesor … Y así, la lista es extensa … Pretenden hacer niños perfectos, “clones” diría yo, todos igualitos nadie puede salirse del contexto o ya es tratado de vago, flojo, dejado, rebelde, malcriado y malo. Y la profe es la primera en tildarlo. Y la presión es tenaz, solo les enseñan a competir; el que mejor nota sacó, el que mejor expuso, el que mejor hizo el deber, el que mejor expone.

Con tristeza me despierto hoy; cómo no me di cuenta antes? … Mi guagua mayor nunca dijo nada, iba calladito y parecía que todo iba bien, pero ahora me doy cuenta de qué poco ha disfrutado de su vida escolar, cuánto ha perdido de su infancia sentado frente a una mesa, y eso que no  le mandan muchos, pero un niño debería pasar jugando, inclusive debería aprender jugando. La niñez equivale a tan solo el 10% del total de nuestra vida. Ya tendrán tiempo de aprender las cosas de adultos, por qué nos empeñamos en forzarles a crecer (que coman todo lo que se les sirve y SENTADOS, que dejen el pañal para entrar a la guardería, que aprenda a leer en primero de básica porque el ministerio manda, etc. Y no se respeta el proceso normal y el desarrollo de cada niño). Pero este año mi hija, la segunda, que es la princesa guerrera de la casa nos cuestionó todo el año y parece que esto despertó a sus hermanos y les animó a sacudirse también y de una u otra forma hacernos ver su desacuerdo con el sistema.

Y si algo sé, es que los hijos míos tienen derecho a jugar y a aprender con gozo, con entusiasmo, con ganas. Quiero que gocen su niñez, que sean felices, que vivan tranquilos. No los quiero como borreguitos, ni angustiados, ni tristes, ni apesadumbrados. Quiero que sean autónomos, que investiguen conforme a su curiosidad y necesidad, que sean libres de escoger lo que más les guste en ese momento aprender, de pintar el cielo del color que dicte su alma en cada momento específico, que sepan lo que quieren y luchen para alcanzar sus sueños particulares y personales. Que sus procesos y personalidad sean respetados.

Se viene un año con un reto muy grande para nosotros, sus papis … Se viene un año diferente, una vida nueva, de grandes añadiduras. … Se viene el “homeschool”. Lo vamos a hacer con el corazón, poniéndonos en manos del Alfarero, haciéndolo para Él.

Espero poder seguir escribiendo y contando como nos va…

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“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Mateo 6:33

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Colosenses 3:23