Anoche

Anoche estuve en mi parto. Y no solo una vez, sino dos veces.

Nos acercamos, me abrazaron, me despedí, estábamos listos, todos listos.

Era yo una niña, estaba en el claro un un bosque, un jardín hermoso. Veía a mis padres a unos pasos de mi, él estaba feliz, ella feliz pero preocupada, por alguna razón no dejaba de preocuparse, un poco avergonzada sonreía emocionada.

Me puse mis botas, las amarré muy fuerte y con decisión. Emprendí mi camino, era fácil de seguirlo … llegué a una pendiente tapizada de césped suave, era una resbaladera en caracol y me lancé… rodé hasta llegar a ese lugar que me albergaría por mis primeros meses de vida, el utero de mi madre. Al llegar ahí sentí cómo me acogía con suavidad y calor. Era un lugar espacioso, pero conforme yo iba creciendo sentía que sus paredes me apretaban, quería más espacio, quería estirarme y moverme pero las paredes no cedían, me apretujaban. Estaban firmes, cálidas, suaves pero no se aflojaban.

Un día decidí nacer, había llegado el momento y yo quería salir ya! Tenía un apuro insaciable por conocer lo que vendría, mi cuerpo se deslizaba con cierta avidez hacia fuera, asomé mi cabeza y sin esfuerzo salí. Me recibieron unas caras enmascaradas, nada simpáticas, me recibieron unas manos frías e inanimadas, insensibles y pasivas. Sin cariño, ni cuidado, ni un poquito de honra, algo así como al apuro o cómo si fuera algo que se hace siempre, sin amor, ni gratitud, ni tampoco asombro y entre sonidos que estorban, me pasaron al pecho de mi madre. Ella entre susto, miedo e incertidumbre me pone en sus senos y yo empiezo a lactar con avidez, decidida a vivir y ahí me quedo por meses y meses, en el cuidado, amor y entrega de mi madre. Que entre sustos y esperanza me cría con mucho, mucho amor.

Después vuelvo en mi. Proceso mi vivencia. Agradezco. La recibo. Crezco. Avanzo.

Nuevamente llego al claro del bosque, entrando por un túnel de árboles, es un lugar de paz, de vida, mágico, sobrenatural. Me pregunto si será el jardín del Edén.

Vuelvo a ver a mis padres, soy una niña. Mi madre sonríe tímida y preocupada, nerviosa y un poco avergonzada. Mi padre le acaricia y le mira con alegría. Le dice q ya fue y ya está. La anima y trata de tranquilizarla.

Nos abrazamos, nuevamente yo estoy lista, me pongo mis botas y me lanzo a la resbaladera de caracol. Esta vez ruedo envuelta como un capullo, al abrirse se convierte en una bella flor y yo caigo en el utero de mi madre que es una piscina llena de burbujas de colores. Me siento a gusto, soy libre, sus paredes ya no me aprietan, crezco y crezco sin parar. Puedo estirarme y moverme a mis anchas.

Llega el día, salgo con apuro y avidez. Esta vez me reciben las cálidas manos de mi madre, llenas de amor, agradecidas, enamoradas, valientes y decididas. Hay paz, hay honra y respeto. Me undo en la mirada de mi madre que se entrega, me contiene y protege. Alzó a ver por detrás del hombro de mi madre y encuentro a mi abuela. Su sonrisa tierna y alegre, me mira con amor y regocijo. Me lanza un beso y siento gozo. He nacido yo, pero también ha nacido mi madre, una mujer nueva, empoderada y decidida. Ya no siente miedo. No está avergonzada. Es fuerte, es valiente. Ya no le importa el qué dirán. Alza su mirada, pone su frente en alto y mira un nuevo futuro. Me lleva hacia su pecho, me ama. Me prendo de su seno, vivo.

Regreso. Proceso. Agradezco. Recibo. Lloro.

El Nacimiento de Tomás

Hoy quiero compartirles mi parto.

Era viernes 2 de noviembre. Teníamos una reunión en nuestra casa desde las 10am pero a las 8:30 fui al baño, terminé de hacer pipí, me paré y sentí que otra vez bajaba algo, me vuelvo a sentar… rompí la bolsa. Pero no totalmente, cada que me movía bajaba agua. Mi peque me pedía q le diera de comer pero cada vez que intentaba bajar las gradas tenía que volver corriendo al baño… más agua.

Así que llamamos a cancelar a los invitados. Las contracciones no venían. Escribí al partero, le conté lo que pasaba pero le pedí que aún no viniese porque estaba verde. Me propuso, sólo si quería, inducir. Le dije que no, que esperaría pacientemente a que vinieran las contracciones, que confiaba en mi cuerpo, que él sabía parir, y así fue.

A lo largo del día se fueron instalando las contracciones muy lentamente y descoordinadamente. En la tarde me escribió a preguntar cómo estaba pero aún no habían contracciones rítmicas y le dije q mejor descanse porque en la noche podría ser el parto.

Durante la cena, a eso de las 8pm, se empezaron a poner rítmicas, medianamente dolorosas y frecuentes. A las 10 vino el partero a la casa.

Mi marido fue mi doulo y mi hija su ayudante. Con mucho amor hicieron todo, arreglaron nuestra habitación muy bonito con velas y un lugar para pasar la dilatación con colchoneta y almohadas y una tela colgada al techo. En nuestro baño, el yacuzzi con flores y velas al rededor. Me dieron masajes, compresas calientes (q alivianaban el dolor en cada contracción), movimientos, la pelota, todo hicieron tan bien, tan rico, tan a tiempo… nunca tuve que pedir nada, mi marido sabía perfectamente qué hacer para aliviar el dolor. Me dio palabras de aliento, muchos besos y te amos. Fue el mejor doulo que he tenido.

Mi pequeño Lucas también me acompañó. El correteaba a mi alrededor, jugaba, saltaba y pedía seno. Yo jugaba a ratos con él y le permití tomar el seno hasta que en cada lactada la contracción se intensificaba aún más. Ahí si le dije: no mas seno por hoy! Y luego preguntaba, cada tanto, a que hora nace … mi chiquito no avanzó y en los brazos de papá se quedó dormido, una hora antes de que naciera su nuevo hermano.

En una contracción sentí claramente cómo su cabecita se estacionaba en medio del hueco de la pelvis, podía sentir y visualizar esa zona expandiéndose, sentía sus huesos tocando los míos, sentía que me iba a partir en dos.

Yo me veía surfeando grandes olas, en mi vida no he pisado una tabla, pero podía verme muy a gusto; cada contracción una ola, a medida q se hacían más fuertes, las olas eran más grandes.

Abría mi boca para que mi pelvis y canal de parto se abrieran, salían unos gritos que venían desde mi estómago, para mi eran muy bonitos, no era cualquier chillido, eran entonados, y eso que no soy cantante. Y luego de cada grito me venía una risa tremenda. Que mi hija me decía: te duele o no? Y … claro que dolía, pero lo estaba disfrutando.

Me senté, ya casi al final, en la silla de partos pero me pareció de lo más incómoda. Me dolía muchísimo el coxis y el sacro estar sentada ahí. Me vinieron dos pujos y fue súper doloroso por culpa de esa silla. Así que mi marido me dijo que me metiera al yacuzzi.

En el primer pujo sentí como su cabeza cruzaba el cervix, hasta escuché un chasquido por dentro, sentía sus huesos tocando los míos.

Segundo pujo salió su cabeza y tercer pujo salió su cuerpo. Lo tomé entre mis brazos, lo puse en mi pecho, lo bendije y le di la bienvenida. Estuvimos un rato en el agua y luego salí a la cama a esperar que saliera la placenta.

Cuando el cordón dejó de latir y ya estuvo sin color, mi hija lo cortó y le atamos una tirita q le había tejido años atrás.

Fue una experiencia muy rica; pude sentir y ver claramente toda la travesía que tuvo que hacer mi bebé dentro de mi para salir de él, tuve la bendición de verme por dentro, mis huesos y mi canal del parto. Muy agradecida con mi parto.

Recibir los cuidados y mimos de mi esposo y mi hija fueron un éxtasis total, se sintió un fluir de energía muy bonito y gratificante.

La Placenta, nuestra aliada

Qué puede hacer la placenta por nosotras? Pues este órgano tan desechado luego del parto, tan tenido en poco por parte del personal médico, puede llegar a ser nuestra aliada. A cuántas de nosotras, tras el parto hospitalario, nos presentaron nuestra placenta, a cuántas nos hablaron de sus características, a cuántas nos preguntaron qué queríamos hacer con ella?

La placenta es nuestra aliada ya que nos ayuda a:

❣️Restaurar la energía tras el esfuerzo del parto. Se la puede tomar en un smoothie (licuado con frutas y miel).

❣️Balancear los niveles hormonales. Reduce el riesgo de depresión posparto.

❣️Reducir el sangrado posparto.

❣️Aumenta la cantidad y mejora la calidad de la leche, favoreciendo su bajada.

❣️Ayudar a la involución uterina, para que el útero vuelva a su tamaño natural.

❣️Asistir en la transición hacia la menopausia. Tomándola en tintura.

❣️Reponer los niveles reducidos de hierro.

Como ven, la placenta es algo realmente fascinante. Para que sea posible La concepción debe existir la placenta. Esta tiene un lado fetal y un lado materno, puede decirse que es un producto tanto de la concepción como del cuerpo de la madre, entonces es el único órgano que pertenece a dos personas.

La sangre de mamá y bebé nunca se mezclan y la placenta se encarga de tomar, del cuerpo de mamá, todo lo que bebé necesita para formarse y para vivir; funciona para el bebé como pulmón (oxigena la sangre), como riñones (limpia la sangre), como hígado (formación de hormonas), sistema digestivo (nutriendo) y sistema inmune (creando anticuerpos).

Es el primer nexo entre mamá y bebé, es una vía de comunicación de hormonas, nutrientes y sangre; es la primera forma en que mamá nutre a su bebé y la primera forma en la que bebé comunica sus necesidades a mamá.

Normalmente la placenta se descarta luego del alumbramiento y casi nunca se la enseña a la madre tras el parto, tampoco se le indica cuanto pesó ni que función tenía y peor aún para qué puede servir. Pero muchas empresas (laboratorios) las reciben para la extracción de hormonas y proteínas de cadena larga para elaborar cremas antiarrugas, antienvejecimiento, rimels, shampoos, tratamientos dérmicos y capilares y en menor cantidad para tratamiento de rehabilitación de lesiones en atletas.

Cada placenta es única y responde al código genético de cada mujer, por lo que es individual para cada una, hecha a la medida, según los requerimientos nutricionales, inmunológicos y hormonales del medio en el que se encuentre, además de ser rica en células madre. Los mamíferos la consumen siempre después del parto, independientemente de si son carnívoros o no, domésticos o no, lo cual es muy favorable para la lactancia, favoreciendo la bajada de la leche y aumentando su valor nutricional.

Para poder consumirla de manera agradable a la vista y al gusto y tomarla como suplemento vitamínico, se pueden utilizar varios métodos, por ejemplo:

❣️en un smoothie o licuado. Con un pequeño trozo de placenta fresco (se pueden apartar unos pequeños trozos y congelarlos para consumirlos de esta forma en los días subsiguientes al parto), alguna fruta preferida (por ejemplo, mora) y miel (azúcar o panela).

❣️en cápsulas. Se hace un proceso especial de deshidratación de la placenta, por un tiempo específico y a una temperatura indicada, se la tritura y se procede a la encapsulación. Esta está disponible en USA, Canadá, Holanda, Alemania, Inglaterra, Australia, Nueva Zelanda y América Latina.

❣️en tintura. Se hace el proceso de tinturación con un trozo fresco de placenta y todo lo necesario para su maceración. Se la consume solo unas pocas gotas cada día.

Al reincorporar la placenta al cuerpo se reintroduce lo que la placenta tomó del cuerpo de la madre, como por ejemplo el hierro, cuyo déficit se relaciona, también, con el desarrollo de la depresión posparto.

Muchas madres guardan también unas cápsulas de placenta para momentos de transición, como por ejemplo la vuelta al trabajo, en donde probablemente su producción de leche puede verse afectada.

Cada vez más mujeres deciden quedarse con su placenta tras el parto, independientemente de si la va a ingerir o no ya que también puede enterrarla para nutrir la tierra. Por otro lado, muchas mujeres deciden celebrar por su placenta:

❣️sembrando un árbol junto a su placenta.

❣️encapsulándola.

❣️haciendo joyería de recuerdo.

❣️haciendo impresiones de su placenta para enmarcarla.

 

 

Si después de tu parto, te decides por cualquiera de estas opciones, recuerda pedirlo a través de tu plan de parto para que el equipo que te atiende te la devuelva y puedas congelarla hasta llevarla al lugar en donde te ofrecen estos servicios.

¡¿Y tú, ya sabes cómo vas a celebrar?! Cuéntame en los comentarios.

¡¿Cómo celebraste tu?! Te leo en los comentarios.

YO NACÍ CON AMOR ❤️ 

 

Soy María José Silva, soy doctora en medicina (para los que no me conocen). Durante mi formación aprendí a recibir los partos como si estos fueran una emergencia, de una manera muy impersonal, nada me unía a esas madres en labor, ni si quiera su dolor me conmovía, solo pensaba que era un proceso por el cual todas teníamos que pasar. Cuando di a luz a mi primer hijo viví en carne propia la violencia más atroz que jamas hubiera imaginando, y me sentí cómplice de la misma por tantas mujeres a las que atendí de la misma manera en que a mi me atendieron. En una habitación fría y con mucho miedo en el hospital. En donde nadie fue empático conmigo y con mi esposo, nadie nos dio una mano, nadie me dio aliento, nadie me dijo que lo estaba haciendo bien. Bajo las amenazas de las enfermeras, de que si no hacía lo que me pedían y mi hijo se moría, era mi culpa, en una sala de partos helada, por la calefacción que mantenía a las enfermeras a una temperatura perfecta para su gusto, importándoles poca cosa mi dolor y mi malestar, mientras tiritaba de frío y de miedo, bajo pujos dirigidos y maniobras de Kristeller, nació mi hijo, al que a penas me lo dejaron darle un beso y me lo arrebataron, por las santas alverjas, para devolvérmelo a las 24 horas. Me robaron el mejor día de la vida de mi hijo, me robaron ese momento sublime, me marcaron para toda la vida con un sin sabor, con mucha impotencia y con dolor, sufrimiento y tristeza. En este hospital hicieron todo lo que la OMS y las guías de práctica clínica del MSP (Ministerio de Salud Publica del Ecuador) dicen que no hay que hacer; rasurado genital, vía intravenosa, lavado intestinal, no darme de comer y de beber, maniobra de Kristeller, episiotomía, separación del bebé, administración de sucedáneos de la leche materna.

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Pero mi hija vino a cambiarme…

Ella nació en la clínica La Primavera, con amor, con respeto, con humildad, con palabras de aliento, sin amenazas, con paciencia, nadie la apresuró a nacer, nadie dirigió mis pujos. Se acercaban a abrazarme, a darme la mano, a hacerme masajes, a ayudarme a mover mi cadera, me pusieron compresas calientes y mitigaron el dolor y el miedo. Después de nacer, el dr. Diego me la puso en mi pecho, ella fue despertándose y pasando esa transición en mis brazos, con mis palabras de amor, en mi pecho, bajo mi protección. Luego lactó, mi marido (no es médico) cortó el cordón, salió la placenta, y el doctor me pidió permiso para tomarla en sus brazos. Se la ofrecí con mucho gusto. Y el con sumo respeto y humildad le dijo: “Luna, bienvenida al mundo. Soy Diego, estas son mis manos, te voy a tomar por unos segundos nada más, nadie te va a separar de tu mami”. Los bebés son seres humanos desde su concepción. Ellos sienten, ellos perciben su entorno, ellos conocen su base segura (el pecho de mamá). Me ayudaron a salir del jacuzzi y me la devolvieron y nadie, nunca más, nos volvió a separar. Mi esposo y yo nos sentimos acompañados y valorados. Mi vida cambió, yo (la nueva mamá) nací con amor y sin duda alguna, el mejor día de la vida de mi hija. Y desde entonces, mi forma de ver el embarazo y el parto cambió. Desde entonces, he buscado la forma de apoyar a las mamás para que puedan tener un parto consciente, empoderadas, seguras de ellas y de sus cuerpos. Para que nadie les arrebate el mejor día de sus vidas. Para que nadie las separe de sus hijos, para que puedan tener lactancias plenas.

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Mi último parto, el cuarto, (después de la experiencia del segundo y tercer partos tan poderosos, cómo no tener más partos, iba en busca de un parto orgásmico) fue en nuestra casa, en nuestro jacuzzi en un ambiente romántico donde el amor estaba en el aire.

Los doctores no tenemos el derecho a quitarles ese momento tan sublime, el encuentro contigo misma, con tu poder de mujer, porque todas estamos diseñadas para hacerlo y podemos hacerlo, solo necesitamos estar en un lugar en donde nos respeten, nos acojan con amor, en donde nos sintamos seguras. Un parto que viene de un embarazo sano (90% de los embarazos son sanos) no es una emergencia, es un paso más de la vida, el bebé sabe cuando nacer y nuestros cuerpos saben como nacer, no necesitamos que nadie empuje a nuestros bebés, que nadie los rote y que nadie los hale para sacarlos. Tampoco que jueguen con él y lo tomen en sus toscas manos como si fuera un juguete o un balón, que lo traten como un monigote, que se burlen de su vulnerabilidad, que pasen por alto su fragilidad, que no respeten su miedo, su trayectoria, su reto (es como si se burlaran de un enfermo terminal). El bebé siente y al nacer pasa por una transición de un útero, en el que estaba apretado, en agua y recibiendo todo a traves de la placenta, a una habitacion fría, seca en donde tiene que empezar a respirar para poder vivir. Y para empzar este nuevo reto no hay mejor lugar que estar en el pecho de mamá, envielto en sus brazos y arrullado por su dulce voz. No, los doctores no tienen el derecho a separarnos y permitir que nuestros hijos pasen este proceso llorando en unas cunas de paredes muertas. 

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“Para cambiar al mundo, hay que cambiar la forma de nacer”. (Michel Odent)

“Soy Luna y yo nací con amor respeto y con mucho cuidado”. (Luna Rodríguez 10años)

 

aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos … con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.

Habacuc 3:17-18 

Si le buscas la quinta pata al gato, la encuentras?


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Llevo días queriendo escribir, pero ando tejiendo… Estoy de cabeza haciendo una cobija y me falta el tiempo. Además antes podía escribir en la noche mientras todos dormian pero, como colecho con el Lucas, ahora se ha vuelto super sensible a la luz, entonces si prendo el i pad para esccribir ya abre el ojo y se queja. …Mi bebito; ama dormir ya sea abrazando su teta (o sea mi seno) o con sus piernas sobre mis muslos. Estoy enamorada de él y amo contemplarle mientras duerme.

Bueno, este tema lo tengo metido entre ceja y ceja y andaba queriendo compartirles.

Estoy convencida de que si le buscamos insistentemente “la quinta pata al gato” la vamos a encontrar y hoy se trata de la medicalizacion del embarazo. Si el ginecólogo ve al embarazo como una patología o una enfermedad y empieza a buscar a toda costa “algo” para ser tratado, pues estoy segura que al llegar a la semana 35 – 36 ya lo habrá encontrado y ya se estará poniendo fecha para la cesárea.

Y… Bueno… El embarazo es un estado, no es una enfermedad, es un estado en el que el cuerpo de la mujer cambia, físicamente y químicamente (hormonas) pero no para ser tratado sino para ser llevado y disfrutado, ustedes diran: pero hay que cuidarse! Y… Obvio. Como siempre, nuestro cuerpo es un regalo y debemos cuidarlo siempre y mucho más en estado de gravidez porque ya no estamos solas sino que traemos otra vida, que se nos ha confiado y debemos cuidarla aun más, pues depende absolutamente de nosotras.

Pero a lo que me refiero es al alto indice de cesáreas en el pais: 90%! cuando la OMS (organización mundial de la salud) dice que debe ser del 10%… Qué nos está pasando? … Se está medicalizando mucho el embarazo, se hacen demaciados ecos a lo largo de los escasos 9 meses, se vigila mucho más allá de lo necesario a la madre en busca de algo patológico y a la final lo terminan encontrando y no es un diagnostico certero solo es una especulación. He escuchado muchos casos de bebés obligados a nacer antes de tiempo porq estaba muy flaquito y lo sacan a la semana 35, por favor… Si esperarían y dejaran que evolucione un poco más y llegar, tal vez, a la semana 42 ya no sería flaquito (este es un caso real que lo vivencié)… Y no soy ginecóloga ni sábia, solo les cuento por los casos de embarazos y nacimientos que he podido conocer. Igualmente, a la primera alza de presión arterial, sin esperar a tomar medidas antihipertensivas ni hacer exámen de proteinas ya se diagnostica de preeclampsia y se hace una “cesárea de emergencia”. Y no digo que no hay que hacer nunca una cesárea, pero hay que hacer las necesarias, las que salvan vidas. Cómo pueden diagnosticar de estrechez pélvica o distocia cefalopélvica si la madre nunca entró en labor de parto y ya se le planificó la cesárea? Por cualquier cosa hacen cesáreas; que el papiloma virus, que está muy flaquita la mamá, que el médico se va de viaje, que la placenta puede estar madura (en el eco no se ve, pero puede ser), que ya tiene 38 semanas y para qué vamos a esperar más, que ya tiene una cesárea previa, que el bebé está muy grande, que tiene el cordón dos veces dado vuelta en el cuello, que será muy doloroso, que será muy demorado, que eres una mujer añosa, que es un producto valioso (no me agrada la palabra producto porque es un bebé y no una cosa), que para qué arriesgar… Y qué ha pasado con las mamás? Se han dejado mal influenciar, han perdido su empoderamiento, confían más en el sistema, en el hombre, que en ellas mismas, han perdido el poder de su sexto sentido (lo que dicta su corazón) ya no hay madres empoderadas que VIVEN la maternidad en pleno. Tal es así que se han convencido de que no van a poder parir, de que parir es difícil. Hasta se creen el cuento de que la cesárea es mejor, cuando ésta aumenta 5 veces el riesgo de muerte y de enfermedad materno-infantil.

En fin, la lista es larga y asi es cómo hoy por hoy los ginecólogos buscan la quinta pata al gato y no están hasta encontrarla y cuando la “encuentran” planifican la cesárea y la razón… es obvia: ganan más y en menos tiempo. Son contados los médicos honestos que no ven su profesión como lucro ($,$) sino como servicio.

No se dejen engañar más. Hemos pasado por el día de la no violencia y a mi parecer debería ser de la no violencia a la mujer, al hombre y al niño. Las cesáreas planificadas son una violencia al ser humano. Respetemos y hagamonos respetar a nosotras mismas y a nuestro bebé que está por nacer.

Aquí les comparto esta lista para que estén atentas y empoderadas ante el engaño;

Actualmente, nuestro sistema médico no tiene tiempo ni espacio para los partos normales. Con el exceso de intervenciones, la medicación innecesaria y los protocolos invasivos de los hospitales, parece que el parto normal es un golpe de suerte. En todo caso, es importante informarnos y saber las verdaderas intenciones del obstetra. Muchos se llaman obstetras humanizados o en pro del parto normal, pero en el camino nos vamos dando cuenta de que cumplen con la mayoría de estos 13 puntos. (Tomado del proyecto LOBAMATERNA)(lobamaterna.com)

13. No sabe qué es una doula
Cuando le comentas tu interés de tener una doula durante el parto, te dice que él es humanizado, pero nunca ha trabajado con una y, que por eso cree que en vez de ser positivo, sería un problema, ya que el hospital donde él atiende no permiten acompañantes, además él ha oído que las doulas entorpecen el trabajo de parto.

12. Tiene días de la semana fijos para cesáreas

Si llamas al consultorio para preguntar qué día el doctor hace cesáreas, la secretaria te dará como respuesta el día que el doctor tiene destinado para ese procedimiento.

11. Habla de cuántos niños ha traído al mundo
Cuando un obstetra te habla de todos los niños que ÉL ha traído al mundo, dándose la importancia del parto, es porque no ve el verdadero poder de la mujer que es quien realmente puede parir. Si lo ve así, quiere decir que él es cesarista porque es quien realmente hace el trabajo cuando es una cesárea. Parir es de la mujer, la cesárea es del médico.

10. Nunca habla del parto
Así de sencillo, nunca habla del parto. No le interesan tus expectativas frente a éste, ni te explica lo que es el proceso del trabajo de parto. Simplemente, hay que esperar a que llegue el día.

9. “Si todo sale bien, hacemos parto natural”
Fíjate muy bien en las frases que formula tu doctor. Cuando te dice una frase así, tu médico es un cesarista. El derecho de las cosas es que todo va hacia el parto normal, natural, orgánico, y si llega a haber una complicación durante el trabajo de parto o en tu embarazo se desarrolla alguna de las razones por las que se debe hacer cesárea, entonces se hará una cesárea, de las reales, de las necesarias, de las que salvan vidas.

8. Tiene ecógrafo en el consultorio
A los cesaristas les encantan las intervenciones. Entre más ecografías, más posibilidad de encontrar motivos para una cesárea. “El cordón está enredado”, “mucho líquido, poco líquido”, “el bebé está muy grande o está muy pequeño”. Estas son parte de las falsas indicaciones de cesárea con las que un cesarista va infundiendo miedo en la mujer y en su pareja.

7. Siempre habla de problemas físicos de la madre o del bebé
“Es que tú eres una mujer muy pequeña y delgada o estás en sobrepeso”, “el bebé no ha crecido lo suficiente”, “la cabeza del bebé está muy grande”, “yo veo que ya estás muy cansada y faltan dos semanas para el parto”, “no hay dilatación” (Cuando no hay dilatación es porque no ha llegado el momento, TODAS las mujeres, sin excepción, dilatan.), “el bebé está pélvico”, etc., etc.

Cuando un obstetra habla más de las dificultades que de la normalidad, es porque está preparando todo para la cesárea. Ninguno de los motivos escritos, son razones para una cesárea. El cuerpo no produce nada que no pueda expulsar, por eso se llama TRABAJO DE PARTO, porque es trabajoso, se demora, es un proceso al que hay que darle su tiempo.

6. No pide o no sabe qué es un Plan de Parto
El Plan de Parto es un documento que la futura madre realiza, donde expresa las preferencias y deseos para el nacimiento y atención del bebé. Más que una lista de deseos, es la forma en que los padres están realmente enterados de los procedimientos y posibles rumbos que puede haber en el parto y nacimiento.
Generalmente, las doulas, son las encargadas de que todo se siga lo más al pie de la letra posible.

5. No recomienda cursos para el fortalecimiento físico de la gestante
Si tu obstetra nunca te ha hablado de la importancia de hacer yoga o pilates pre-natal, o cursos para el fortalecimiento del piso pélvico; y por el contrario, te dice que hay que tener cuidado con el ejercicio, seguramente no tiene intenciones de que tu parto sea normal. Un obstetra que realmente ayude a tener partos normales, no en su discurso, sino en la práctica, te recomendará estos cursos y muy seguramente te hablará de la importancia de una doula.

4. Siempre cumple con los horarios de las citas
Tu obstetra nunca se atrasa y nunca cancela citas. NADA MÁS QUE DECIR.

3. No recomienda un PVDC- Parto vaginal después de cesárea*
“Después de la primera cesárea siempre hay que hacer cesárea, a menos que se espere más de dos años, pero yo no lo recomiendo porque la cesárea siempre es lo mejor y si una vez tocó por cesárea, es un riesgo para los dos. Yo te recomiendo la cesárea, en todos mis años de experiencia he visto que las mujeres que lo intentan, terminan nuevamente en cesárea.” ¡PLOP!
*En inglés: VBAC- Vaginal Birth After Cesarean

2. Toma la fecha probable de parto como fecha límite
Esta fecha que se da al inicio del embarazo es para tener un margen de tiempo entre la semana 38 y 42, días en los que el bebé está listo para nacer. Esos médicos que llegada la semana 38 tienen una urgencia inminente por sacar el bebé, son los que inducen y no dejan la más mínima chance de que la mujer comience un trabajo de parto.
Con el debido monitoreo, un bebé puede llegar tranquilamente a la semana 42.

1. Aconseja que la cesárea es lo mejor para la madre y el bebé
Las pocas veces que tu obstetra te ha tocado el tema del parto, es para hablarte de los beneficios de la cesárea: “es mejor para los dos, los bebés nacen más bonitos, la madre siente menos dolor, el riesgo es menor. La cesárea es rápida, mientras no se sabe cuánto puede tardar un parto natural; además, la madre queda muy cansada y así no se puede ocupar del bebé. Te hago un corte muy pequeño y muy abajo que ni se te va a notar. Agendamos la cesárea, tú sabes el día que va a nacer, te preparas y hasta puedes arreglarte el pelo para salir bien en las fotos.”

Bonus: Fíjate en las fotos de partos que tiene en el consultorio, ¿son en quirófano o la madre tiene a su hijo frente a frente? O no tiene fotos para no mostrar la crudeza de la cesárea. Las fotos de las mujeres que paren, son hermosas.

Si tu médico cumple con 3 o más de estos tips… sal corriendo, es un cesarista, por más adorado y recomendado que sea, no te va a llevar por el camino del parto normal.

El parto debe ser un momento de mucho amor y respeto

Como ya algunos saben y los que no, pues aquí se enteran, estamos celebrando la semana del parto o nacimiento respetado. Por este motivo quiero compartir con ustedes mis vivencias con mis partos. Con ellos he aprendido mucho, cada uno de ellos fue necesario que sea, ninguno ha sido más o menos importante y doy gracias a Dios por cada uno de ellos porque trajeron alegría, bendición y enseñanza a nuestras vidas.

Cuando tuve a mi segunda hija sentí la necesidad de compartir su nacimiento (lo diferente que fue al primero), a través de una carta, a mis amigos y familiares. Hoy voy a tomar parte de este relato y he de aumentar mis dos siguientes partos.

Todo el embarazo transcurrió con total felicidad, PERO la verdad es que no quería que nazca, quería que se quede en mi pancita por más tiempo, sentirle como se movía era una sensación muy rica, poder tocar su cuerpo y adivinar q parte era. Pero no quedaba de otra, tenía que algún día salir… y yo, yo tenía miedo, miedo del parto, del dolor, del sufrimiento… por eso más que todo no quería q nazca todavía, por ese miedo. El miedo que tienen las madres primerizas por no saber qué va a pasar y por las historias de terror  que han escuchado y el miedo de las que tienen el recuerdo del parto anterior en el que sufrieron…. Sufrieron qué? A veces, no sabemos que hemos sufrido, ni entendemos qué es lo que sufrimos, creemos que así como fue, han de ser los partos y así tiene que ser… y así yo llegué a mi segundo parto, llena de miedo y con el trauma del parto anterior.

Hasta ahora tengo el recuerdo del parto del Rafa en el hospital (no es culpa del hospital, es de quienes atendieron mi parto). Todo un ambiente hospitalario, con 4 o 5 personas vestidas con máscaras, con reflectores, aire acondicionado, una enfermera bravísima que me acosaba diciéndome que si no hacía tal o cual cosa que ella me decía y mi bebe se moría iba a ser mi culpa, rasurada, enema (lavado), suero, sonda, succión y … simplemente demasiado frío! … en todo el sentido de la palabra. Nadie se acercó a mí con cariño, excepto mi esposo, nadie preguntó cómo me sentía, qué necesitaba, qué me gustaría.

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Yo le pedí a mi ginecólogo que a penas nazca el Rafa me lo pase a mi, pero no, el que primero lo tomó en brazos fue él y el segundo, el pediatra y horas… hasta succionarle, sobarle, pesarle, medirle, etc, etc… la mamá con iras y tristeza sin su bebé… dónde está? Qué le hacen? Qué fue mi hijo?!… y hasta que al fin me lo dan, me lo quitan en un minuto… “vamos a ponerle en la termocuna, aquí hace mucho frío”… noticia que hace frío… yo temblaba del frío y la enfermera que no apagaba el aire acondicionado, porque ella tenía calor. Y saben cuándo me lo pasaron a la habitación? AL DÍA SIGUIENTE!!!! Que crueldad…

A la salida del hospital yo estaba hinchada, me habían hecho una episiotomía de no se cuantos centímetros y no se cuantos puntos, grande… todo fue un verdadero trauma, para mi, para el pedro y para mi hijo también. Y esto no quería volver a vivirlo, por eso no quería que llegara el momento del parto, tenía mucho miedo, angustia, ansiedad y sufrimiento. Había sufrido de violencia obstétrica y yo sin saber que esto que me hicieron si tenía nombre y apellido.

Pero bueno, con ese recuerdo llegué yo al último trimestre de mi segundo embarazo.

La cosa es que en uno de los controles me dice mi ginecólogo que debe hacerme una cesárea porque la niña no estaba subiendo de peso, que raro pensé; el eco no es el mejor método para constatar ésto. Pude encararle al doctor y descubrir que la razón de la cesárea era porque se iba de viaje. (Esto es abusar de los derechos de una madre y un bebé)

… y ahora?! Quién le recibe a mi bebé?

Nos habían comentado unos amigos del parto en agua, Yo tenía dudas, infecciones, asepsia y antisepsia, desgarros… busqué en el Internet, artículos científicos y encontré que no se habían reportado aumento de infecciones, que hay menos desgarros, que la OMS descarta la necesidad de la episiotomía, la posición en cuclillas aumenta el diámetro del canal del parto, el agua caliente acelera la labor de parto, disminuye el dolor y los tejidos se vuelven más elásticos… nos encantó.

Y el día llegó, el miércoles 16 de mayo, cuarto para la una de la mañana rompí membranas (el agua de fuente), las contracciones empezaron cada 10 minutos, aun no eran fuertes, eran soportables, a las dos empezaron a ser cada 5 minutos y más fuertes, nos arreglamos y a las 2 y 30 salimos de la casa a la Clínica la Primavera, a las 4 ya quise pujar, a las 5 entré en la gran tina o el yacusi, calientito… a 35 grados tenía mucho dolor la médico residente me empezó a dar un masaje en la columna lumbar, eso si que calmó el dolor, que rico… muy bueno, el Pedro me echaba agua en la espalda… pero luego vino una contracción más dura y un pujo fuerte… que dolor Diosito… y saben que le dije a la residente? … ya no quiero más, ya me quiero ir… ella me calmó me dijo q lo estaba haciendo bien y que todo iba muy bien, claro, luego entre por unos minutos en razón y dije: a dónde me voy a ir… que me pasa… concéntrate María José!… en eso llegó el Dr. Alarcón, Diego, y le dije, no puedo más doctor, me duele y me dio la mano, me pidió que me olvidara de todo lo que sabía y había aprendido y que solo piense y me concentre en mi Luna, que todo está saliendo muy bien, que lo estoy haciendo muy bien, me masajeaba mi mano y de repente vino un pujo intenso, muy intenso, con el Rafa no sentí eso porque estaba bajo el efecto de la peridural, y sentí q la cabeza ya estaba en el canal del parto, me empezó a arder, (la corona de fuego) y entonces pedí la peridural, pero el doctor me dio ánimos para seguir … y un pujo más, intenso, largo sentía q me hundía en mi misma, hacía mucha fuerza y salió la cabeza, pude tocarla entre mis piernas, le busqué los ojitos, la nariz y la boca y me acuerdo q dije: ya está aquí. Vino el siguiente pujo y vimos como la Luna solita rotaba y movía sus hombros muy despacio y rítmicamente y sentí como se impulsaba con sus piernas en el fondo uterino (en mi barriga, adentro) y salió (5 y 25 de la mañana), traté de cogerla pero estaba muy lenta y el doctor se acercó, la tomó con mucha delicadeza y me la entregó. La puse en mi pecho, la abrasé, la besé, le dije mi Luna ya estás aquí y pasaba mi cachete sobre su carita, tan chiquita, su cabecita, mi bebe, mi chiquita aquí está mamá… luego buscó el seno y empezó a lactar, después de un rato el doctor tomó su cabecita entre sus manos y le preguntó al Pedro si estaba listo para cortar el cordón, el Pedro dijo que recibió las tijeras, el doctor dijo: “ahora si, las palabras mágicas, Luna, bienvenida al mundo” y el Pedro cortó el cordón. La Luna siguió lactando, después salió la placenta y llegó la pediatra. El doctor me pidió permiso para tomarla en sus brazos, cuanto respeto y delicadeza, se la ofrecí, la tomó y le dijo este soy yo, son mis manos, con tanto amor y tranquilidad, la Luna se quedó tranquilita y no lloró, salimos del agua, la pediatra la seco con suavidad, la pesó, la midió y la vistió, no le succionó nada, no le frotó. A mi me revisaron, todo estaba bien, el Pedro traía a la Luna en sus brazos a la habitación y yo iba en la camilla, la Luna se acostó a mi lado y siguió lactando, tenía los ojos bien abiertos, viendo un nuevo sitio, hasta que se durmió.

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Al salir de la clínica, yo no estaba hinchada, tuve solo un desgarro grado uno, de un centímetro, nada profundo, que no me cocieron, salí sin dolor, muy feliz… no me pusieron ni suero ni sonda, no hubo reflectores, no hubieron tactos, no enmascarados, no enfermeras gruñonas, bien acompañada de mi marido, médico residente y el doctor… a la luz de las velas nació mi Luna, en un ambiente calido (en todo el sentido de la palabra) y acogedor, con una mano amiga, la del doctor Diego, que estrechaba la mía y me permitía apretarla y aferrarme a sus fuerzas, como robándole su energía, tomando sus fuerzas, con sus palabras de aliento que me guiaban y me daban aun más fuerza y quitaban mi miedo… realmente fue todo un ritual, un parto más humano, humanizado, respetado y todo ese ambiente, ese ritual y la descarga de endorfinas y oxitocina hacen que el apego madre hijo sea mayor, y no lo digo porque lo he leído o me han contado, sino porque realmente lo viví en carne propia y ahora que lo he vivenciado personalmente me doy cuenta de la importancia de esa descarga hormonal que se bloquea totalmente al usar pitosín y peridural. Me dolió, pero ese dolor quedará para siempre totalmente bloqueado con el recuerdo de haber podido sentir su cabecita en el canal del parto, haber podido ver su cabeza entre mis piernas y haber podido sentir ya en ese momento sus ojos, nariz y boca. Quedará bloqueado porque de alguna manera  el haber podido sentir ese pujo tan intenso me hizo entrar en cierto transe que llegué a mi yo interno y recobré fuerzas, me dio poder, me dio más vitalidad. Alguna vez, recuerdo haberles contado a mis amigas, luego de mi primer parto, que me sentía como esas perritas callejeras recién dadas a luz, con las tetas caídas, el pelo feo, demacrada y cansada… pero luego de este parto, puedo decir q nunca me había sentido tan bien, me preguntan si estoy mejorcita, si me estoy recuperando del parto y solo puedo contestar que no puedo sentirme mejorcita porque nunca me sentí malita y q no puedo recuperarme, porque no hay de que, me siento en perfectas condiciones, soy feliz y agradezco a Dios el haber podido tener esta maravillosa experiencia del parto en agua. Agradezco al doctor Diego por su apoyo y paciencia durante mi parto, por su mano amiga y sus palabras de apoyo. Gracias también a mi amorcito por haber compartido este ritual, esta experiencia, junto a mí. Y depresión postparto, luego del parto en agua, con tantas endorfinas y pico máximo de oxitocina, velas, música, comprensión… creo q es imposible!

Para el nacimiento del tercero ya teníamos bien clara la película, dar a luz en un lugar donde se respete a la madre, al padre y al bebé (no fuimos a la clínica anterior porque nos pasamos a vivir a Quito). Llegamos a la Clínica Puerta a la Vida. La labor de parto la hice caminando por el parque de la Carolina, me despedí de mis hijitos porque ya sus saltitos me revoloteaban la cabeza y me estaban enloqueciendo. En la Clínica me recibieron con amor y palabras de ánimo, llegue casi con las justas. No se alcanzó a llenar el yacusi y ya sentí el pujo. Encontré la mano amiga de quien ahora se ha vuelto una persona muy importante en mi vida, Samy. Y más que mano amiga puedo decir que fue una voz y brazos amigos, ella iba guiando mi labor a través de su voz y de sonidos, de movimiento, de abrazos. Me permitió llorar y sentirme acompañada en mi llanto, no lloraba de sufrimiento, fue una forma de soltar, de desprenderme de lo natural y volar a lo espiritual. También fue un parto mágico, no logro recordar dolor al momento de pujar. Llegó el doctor cuando justo salió la cabeza de mi Martín. Que no lloró nunca y un poco nos asustamos, pero no había pasado nada, él estaba muy bien, tranquilo experimentando su llegada al mundo. Salimos a la habitación donde estaba una cama matrimonial esperándonos para descansar los tres juntos y nadie nos separó nunca.

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Hace cuatro meses experimenté mi cuarto parto, esta vez ya sabíamos que lo que no estaba permitido era nada que pudiera violentar nuestros derechos de libre movimiento y libre elección de lo que queríamos el rato del parto, si era comer, caminar, bañarse, jugar, besarnos, acariciarnos, en fin, queríamos estar lo más cómodos posible, así que decidimos hacerlo en nuestra casa. Fue hermoso amar nuestro propio nido, dispuesto para satisfacer mis necesidades personales y las del bebé cuando naciera. Fue hermoso buscar el mejor espacio para recibirlo (el yacusi con una kunga colgada del techo por si necesitaba sostenerme). Una doula que guíe mi labor con amor y respeto (Maisa) y el doctor que este pendiente por si algo extra sucedía (Fabián). Asumimos el riesgo, le dije a Dios que bendijera mi parto, que Él era el dador de vida, pero que se haga su voluntad, que yo aceptaba con amor el plan que Él tenía dispuesto para el Lucas, mi hijo.

Días antes del parto sentí una gran necesidad de quedarme en casa, no quería salir, quería limpiar la casa y mi  marido la limpió dos veces, yo acomodaba la cama y movía las cosas de un lado al otro y buscaba que todo esté lo más acogedor posible. Y el día llegó, rompí membranas en el auto y tocó darnos media vuelta y regresar a la casa. Los hijos gritaban de la emoción y del susto. Al llegar salieron corriendo a avisar a la abuela. Era la mañana del domingo 11 de Enero, cerramos las cortinas, los hijos entraban, veían si todo estaba bien y volvían a salir. La labor la pasé bien acompañada, con masajes, con chistes, con caricias, con besos, risas, movimientos y volé a “parto landia” donde me esperaba una manada de elefantes y una elefanta a punto de traer al mundo a su bebé. Disfruté! El parto es algo mágico y espiritual. Logré canalizar el dolor hacia mi marido, mientras apretaba sus muñecas, éste salía de mi cuerpo y yo no sentía dolor. En el pujo tomé las fuerzas de Maisa al tomar su mano izquierda, su mano derecha no hacía el mismo efecto. Al final terminé robando las energías de todos los presentes. Mi Lucas vino al mundo con una gran bendición a cumplir con el propósito por el cual Dios lo creó.

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Por cierto, Lucas significa “el que brilla como la luz”.

“Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación”. Salmos 91:14-16