Anoche

Anoche estuve en mi parto. Y no solo una vez, sino dos veces.

Nos acercamos, me abrazaron, me despedí, estábamos listos, todos listos.

Era yo una niña, estaba en el claro un un bosque, un jardín hermoso. Veía a mis padres a unos pasos de mi, él estaba feliz, ella feliz pero preocupada, por alguna razón no dejaba de preocuparse, un poco avergonzada sonreía emocionada.

Me puse mis botas, las amarré muy fuerte y con decisión. Emprendí mi camino, era fácil de seguirlo … llegué a una pendiente tapizada de césped suave, era una resbaladera en caracol y me lancé… rodé hasta llegar a ese lugar que me albergaría por mis primeros meses de vida, el utero de mi madre. Al llegar ahí sentí cómo me acogía con suavidad y calor. Era un lugar espacioso, pero conforme yo iba creciendo sentía que sus paredes me apretaban, quería más espacio, quería estirarme y moverme pero las paredes no cedían, me apretujaban. Estaban firmes, cálidas, suaves pero no se aflojaban.

Un día decidí nacer, había llegado el momento y yo quería salir ya! Tenía un apuro insaciable por conocer lo que vendría, mi cuerpo se deslizaba con cierta avidez hacia fuera, asomé mi cabeza y sin esfuerzo salí. Me recibieron unas caras enmascaradas, nada simpáticas, me recibieron unas manos frías e inanimadas, insensibles y pasivas. Sin cariño, ni cuidado, ni un poquito de honra, algo así como al apuro o cómo si fuera algo que se hace siempre, sin amor, ni gratitud, ni tampoco asombro y entre sonidos que estorban, me pasaron al pecho de mi madre. Ella entre susto, miedo e incertidumbre me pone en sus senos y yo empiezo a lactar con avidez, decidida a vivir y ahí me quedo por meses y meses, en el cuidado, amor y entrega de mi madre. Que entre sustos y esperanza me cría con mucho, mucho amor.

Después vuelvo en mi. Proceso mi vivencia. Agradezco. La recibo. Crezco. Avanzo.

Nuevamente llego al claro del bosque, entrando por un túnel de árboles, es un lugar de paz, de vida, mágico, sobrenatural. Me pregunto si será el jardín del Edén.

Vuelvo a ver a mis padres, soy una niña. Mi madre sonríe tímida y preocupada, nerviosa y un poco avergonzada. Mi padre le acaricia y le mira con alegría. Le dice q ya fue y ya está. La anima y trata de tranquilizarla.

Nos abrazamos, nuevamente yo estoy lista, me pongo mis botas y me lanzo a la resbaladera de caracol. Esta vez ruedo envuelta como un capullo, al abrirse se convierte en una bella flor y yo caigo en el utero de mi madre que es una piscina llena de burbujas de colores. Me siento a gusto, soy libre, sus paredes ya no me aprietan, crezco y crezco sin parar. Puedo estirarme y moverme a mis anchas.

Llega el día, salgo con apuro y avidez. Esta vez me reciben las cálidas manos de mi madre, llenas de amor, agradecidas, enamoradas, valientes y decididas. Hay paz, hay honra y respeto. Me undo en la mirada de mi madre que se entrega, me contiene y protege. Alzó a ver por detrás del hombro de mi madre y encuentro a mi abuela. Su sonrisa tierna y alegre, me mira con amor y regocijo. Me lanza un beso y siento gozo. He nacido yo, pero también ha nacido mi madre, una mujer nueva, empoderada y decidida. Ya no siente miedo. No está avergonzada. Es fuerte, es valiente. Ya no le importa el qué dirán. Alza su mirada, pone su frente en alto y mira un nuevo futuro. Me lleva hacia su pecho, me ama. Me prendo de su seno, vivo.

Regreso. Proceso. Agradezco. Recibo. Lloro.

El Nacimiento de Tomás

Hoy quiero compartirles mi parto.

Era viernes 2 de noviembre. Teníamos una reunión en nuestra casa desde las 10am pero a las 8:30 fui al baño, terminé de hacer pipí, me paré y sentí que otra vez bajaba algo, me vuelvo a sentar… rompí la bolsa. Pero no totalmente, cada que me movía bajaba agua. Mi peque me pedía q le diera de comer pero cada vez que intentaba bajar las gradas tenía que volver corriendo al baño… más agua.

Así que llamamos a cancelar a los invitados. Las contracciones no venían. Escribí al partero, le conté lo que pasaba pero le pedí que aún no viniese porque estaba verde. Me propuso, sólo si quería, inducir. Le dije que no, que esperaría pacientemente a que vinieran las contracciones, que confiaba en mi cuerpo, que él sabía parir, y así fue.

A lo largo del día se fueron instalando las contracciones muy lentamente y descoordinadamente. En la tarde me escribió a preguntar cómo estaba pero aún no habían contracciones rítmicas y le dije q mejor descanse porque en la noche podría ser el parto.

Durante la cena, a eso de las 8pm, se empezaron a poner rítmicas, medianamente dolorosas y frecuentes. A las 10 vino el partero a la casa.

Mi marido fue mi doulo y mi hija su ayudante. Con mucho amor hicieron todo, arreglaron nuestra habitación muy bonito con velas y un lugar para pasar la dilatación con colchoneta y almohadas y una tela colgada al techo. En nuestro baño, el yacuzzi con flores y velas al rededor. Me dieron masajes, compresas calientes (q alivianaban el dolor en cada contracción), movimientos, la pelota, todo hicieron tan bien, tan rico, tan a tiempo… nunca tuve que pedir nada, mi marido sabía perfectamente qué hacer para aliviar el dolor. Me dio palabras de aliento, muchos besos y te amos. Fue el mejor doulo que he tenido.

Mi pequeño Lucas también me acompañó. El correteaba a mi alrededor, jugaba, saltaba y pedía seno. Yo jugaba a ratos con él y le permití tomar el seno hasta que en cada lactada la contracción se intensificaba aún más. Ahí si le dije: no mas seno por hoy! Y luego preguntaba, cada tanto, a que hora nace … mi chiquito no avanzó y en los brazos de papá se quedó dormido, una hora antes de que naciera su nuevo hermano.

En una contracción sentí claramente cómo su cabecita se estacionaba en medio del hueco de la pelvis, podía sentir y visualizar esa zona expandiéndose, sentía sus huesos tocando los míos, sentía que me iba a partir en dos.

Yo me veía surfeando grandes olas, en mi vida no he pisado una tabla, pero podía verme muy a gusto; cada contracción una ola, a medida q se hacían más fuertes, las olas eran más grandes.

Abría mi boca para que mi pelvis y canal de parto se abrieran, salían unos gritos que venían desde mi estómago, para mi eran muy bonitos, no era cualquier chillido, eran entonados, y eso que no soy cantante. Y luego de cada grito me venía una risa tremenda. Que mi hija me decía: te duele o no? Y … claro que dolía, pero lo estaba disfrutando.

Me senté, ya casi al final, en la silla de partos pero me pareció de lo más incómoda. Me dolía muchísimo el coxis y el sacro estar sentada ahí. Me vinieron dos pujos y fue súper doloroso por culpa de esa silla. Así que mi marido me dijo que me metiera al yacuzzi.

En el primer pujo sentí como su cabeza cruzaba el cervix, hasta escuché un chasquido por dentro, sentía sus huesos tocando los míos.

Segundo pujo salió su cabeza y tercer pujo salió su cuerpo. Lo tomé entre mis brazos, lo puse en mi pecho, lo bendije y le di la bienvenida. Estuvimos un rato en el agua y luego salí a la cama a esperar que saliera la placenta.

Cuando el cordón dejó de latir y ya estuvo sin color, mi hija lo cortó y le atamos una tirita q le había tejido años atrás.

Fue una experiencia muy rica; pude sentir y ver claramente toda la travesía que tuvo que hacer mi bebé dentro de mi para salir de él, tuve la bendición de verme por dentro, mis huesos y mi canal del parto. Muy agradecida con mi parto.

Recibir los cuidados y mimos de mi esposo y mi hija fueron un éxtasis total, se sintió un fluir de energía muy bonito y gratificante.

Ma, me banearon


Hace algunos años atrás, cuando soñaba con ser mamá y junto a mi esposo planificábamos nuestra familia … sí, somos de los que planifican, por ejemplo, pensábamos en tener cinco hijos; dos primero, uno en el medio y tiempo después, dos seguidos al final. Resulta que la vida fue planteándose un poco como lo planificado y un poco a su manera.

Cuando hablábamos de crianza, hablábamos de amarles y respetarles como personas, de permitirles ser autónomos y auténticos.

Conforme fueron llegando los hijos fuimos aprendiendo de ellos, ellos tomaron las riendas y a medida que han ido creciendo, que les hemos dejado ser, cada uno nos ha ido sorprendiendo con su carácter y su forma de ser.

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Yo nunca me imaginé que un mundo desconocido me iba a rodear, ni que cada uno de mis hijos iba a ser capaz de sumergirme en su pequeño mundo, llevarme de la mano y dejarme sorprender.

De cada uno de sus mundos unas cosas llego a entender a totalidad y otras no logro entender muy bien, pero no por eso dejan de ser sorprendentes, verdaderas, importantes, magníficas y por ende me acarrean grandes retos.

Por ejemplo, mi hijo mayor que me lleva a su realidad, para mi una realidad virtual, pero que para él es palpable… -ma, me quieren banear-, me dijo casi con lágrimas en los ojos,  -yo no hice nada, solo gané y me dijeron hacker y me quieren banear-.

Cómo podía ayudarle? No entendía nada; tuve que empaparme del significado de estas palabras

*banear: de “to ban”, prohibir, excluir, vedar, denegar. Estado o condición en la que se encuentra un usuario o computadora al que se le ha prohibido la entrada a un recurso en internet, como ser un salón de chat, un servidor, etc. (En el caso de mijo era en del servidor de un juego).

*hacker: tiene varios significados. Pero en este caso se refiere a la persona que manipula o que posee conocimientos prácticos que modifican los usos de las cosas de modo que éstas pueden emplearse para fines no previstos en su origen.

Entonces, le estaban diciendo que algo manipuló de alguna manera para poder jugar así y poder ganarles a unos cuanto fulanos. Y por lo tanto lo iban a banear pero que podían perdonarle si le regalaba un rango al moderador. Tratar de explicarle a mi hijo sobre la venganza, el abuso de poder y el placer de ver sufrir al más débil  fue muy duro para mi. Injustamente le acusaron de hacker por su habilidad innata para hacer un magnifico hiterclick.

Hiterclick, no entienden nada? Yo tampoco entendía, pero quiere decir que hace once pulsaciones “clicks” en el mouse por segundo. Hay algunas otras cosas que nunca pensé que iba a vivir junto a mi hijo y que algunas no iba a llegar a “entender”:

IMG_7186– Que pueda llegar a dañar tres mouses en menos de un año.

– Que nos baneen la IP y llamemos a nuestro proveedor de internet a pedir un cambio de IP y que cinco minutos después de que ellos nos digan -lo sentimos, no se puede cambiar su IP- mijo ya la haya cambiado desde su computador y por sus propios medios.

– Que se conecta con niños de muchísimos países y conoce la vida en otros lugares del mundo por estos contactos.

– Que empiece un canal de YouTube, RealAntRok (les linkeo por si acaso) y en los seis meses que lo lleva ya tiene 270 suscriptores.

– Que aprende a editar de manera autodidacta.

– Que expresa su forma de ser en cada juego.

– Que juega todo lo que puede y le falta el tiempo.

– Que es feliz comprándose un teclado de membrana.


Pero si puedo entender que es feliz, que se divierte y hace lo que le gusta, que es libre pero responsable, que se equivoca y recapacita. Que se enfrenta a gigantes y que yo estoy aquí para apoyar, guiar y sobre todo para aprender.

Amo a mijo y amo ser su mamá, ha transformado mi vida y mi forma de ver el mundo, desde el día en que nació.

Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja está verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.

A alguien más también le ha pasado, que se siente rodead@ de un mundo nuevo y es todo un reto llegar a entenderlo, compartirlo y apoyar? déjame saber en los comentarios.

Consejos para antes de portear a la espalda

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Antes de portear a la espalda hay que analizar:
Ojo: No es necesario hacer este nudo con un bebé muy pequeñito si no lo necesitas de verdad. Si quieres hacerlo sólo por jugar, es mejor que lo hagas cuando tu bebé ya tenga un correcto sostén cefálico, es decir cuando ya sepa sentarse solo.

1. Me siento capaz de hacerlo.

2. Estoy segur@ de mi mism@

3. Conozco el paso a paso o debo repazarlos antes?

Si haz respondido que sí a estas preguntas, el siguiente paso es:

Antes de hacer el amarre cuéntale a tu bebé lo que vas a hacer y pídele permiso.

1. Verifica que tu bebé no esté con hambre.

2. Ponte una ropa cómoda y que no le cause alergia a tu bebé, es preferible usar algodón, así disminuyes la sudoración.
3. no sobreabrigues a tu bebé y de preferencia no le coloques ropas con cierres grandes en el cuello ni botones grandes que lo puedan lastimar.
4. Colocate cerca de la cama o un sofá y frente al espejo.
5. Coloca a tu bebé siguiendo con cuidado y concentración las indicaciones del amarre.
6. No sueltes a tu bebé hasta que estes seguro de que está bien sujeto a tu cuerpo.
7. Observa tu amarre al espejo y comparalo con las instrucciones.
8. Verifica que su cuerpo esta en la posicion correcta.
9. Trata de sentir la respiración de tu bebé de vez en vez. (Pará, cierrantus ojos, concéntrate y persibe).
10. Felicitaciones! Practícalo una y otra vez con un muñeco, úsalo con tu bebé cuando lo necesites. No intentes hacer el nudo por primera vez con tu bebé si él está con hambre, con sueño o sensible. Es probable que te tome mucho tiempo hasta poder optener el nudo correcto. Tú y tu bebé necesitarán mucha paciencia. Al principio podrá parecerte muy dificil pero con la práctica lo lograrás, recuerdas la primera vez que te amarraste los zapatos?

Tradición Oral y la Lactancia

Así como muchas otras cosas se trasmitieron siempre de generación en generación, el dar de mamar no se quedó atrás. Por años este arte es transmitido de madre a hija a través de la oralidad, del ejemplo; de las enseñanzas que recibió la madre de su madre hacia su hija. Y así una a una, de generación en generación llevaban este legado y la humanidad sobrevivía.

Hoy en día pasa lo mismo, se sigue transmitiendo de boca en boca, de generación en generación pero pasa que la nueva generación recibe estas palabras:

  • Yo no te pude dar de lactar.
  • Yo pude darte solo por poco tiempo. Se me secó la leche.
  • El pediatra me recomendó la formula.
  • Nunca tuve leche.
  • Esperemos que a ti sí te salga leche.
  • Hija parece que no tienes leche.
  • Este niño se está quedando con hambre.
  • Dale fórmula para que duerma más.
  • Por si a caso dale también el biberón, no pasa nada yo a ti te crié solo con biberón.
  • Te compré estos biberones.
  • Esas tetas están muy aguadas.

Y la lista continua, llena de lactancias fallidas desde la aparición de la primera leche de tarro, gracias a esa multinacional que lo único que le interesa es seguir haciendo dinero. Mamás que perdieron su arte, mamás que dejaron de confiar en sus cuerpos, mamás que apostaron por lo artificial, mamás que se dejaron convencer que la industria farmacéutica sabía más que la naturaleza, mamás que dejaron ser mamíferas por un pequeño lavado de cerebro. Confiaron en el hombre, en el médico, en la industria. Dejaron de escuchar a sus cuerpos, a sus madres, a sus ansestras. Creo que es también producto de la violencia de género. Una vez más, la mujer sumisa cede su poder, su instito, su naturaleza y es pisoteada violentamente.

El más atroz y gran experimento científico realizado en humanos. Mujer que recibe el consejo del personal de salud de dar el seno solo a uno de sus hijos con el argumento de que el cuerpo de una mujer no es apto para amamantar a dos. Y recibe de obsequio una lata de fórmula. 

Pero saben qué se necesita, volver a confiar en nuestros cuerpos, perfectamente diseñados para amamantar. Somos mamíferas y tenemos el don. Son muy, muy, escasos los casos reales de mujeres que no pueden producir leche o que producen en muy poca cantidad (hipogalactia).

  1. Sindrome de ovario poliquístico (se corrigue las hormonas y produces leche).
  2. Hipotiroidismo (se corrigue esta hormona y produces leche).
  3. Necrosis de la pituitaria o un tumor (aquí es más difícil la solución).
  4. Cirugía de mamás que haya removido la casi totalidad de la glándula o que haya cortado los conductos lácticos. (Pero muchas veces estos conductos logran recanalizarse ellos mismos, buscando la salida; la naturaleza es noble).
  5. Haber nacido genéticamente sin o escaso tejido glandular, hipoplasia mamaria.
  6. Transtornos alimenticios (anorexia, bulimia). Desencadena un escaso desarrollo de la glándula.

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Pueden haber otros trastornos que lleven a una poca producción de leche temporal como, obesidad mórbida y diabetes, cesárea de emergencia o cesárea programada, retención de la placenta, inhibición farmacológica, baja producción pos-mastitis. Aunque estas son transitorias y no tienen por qué producirse en todos los casos.

En pocos casos la hipogalactia no es reversible, en la mayoría sí, de todas formas en ambos casos  busca la ayuda de un/una especialista  en lactancia materna para que con algunas indicaciones y tal vez la ayuda de algunos fármacos puedas dar de lactar exclusivamente o parcialmente.

Hay ocaciones en las que la madre deja de dar de lactar por A o B razón y su producción de leche baja y luego piensa que ya no puede volver a dar, pues se equivoca. Si quieres volver a dar de lactar se puede relactar. Inclusive en madres que adoptan pueden dar de mamar a sus hijos recien llegados a casa, a pesar de no haber tenido el embarazo ni el parto. Toma tiempo, constancia y mucha dedicación, será una gran demanda, pero si estás totalmente convencida de que quieres dar de lactar, pues lo vas a lograr y sí que se puede.

En el blog de maternidad continuum, Pilar Martínez entrevista a África, una mamá que amamanta a su bebé adoptivo. Te inspirará y dará ánimos para seguir en la lactancia.

Debemos volver a lo natural, dar de lactar no es mejor que dar el biberón, dar de lactar es lo natural, es para lo que nuestros cuerpos y el de nuestros hijos están diseñados. No hay que andar buscando beneficios con la lactancia materna, simplemente es al revés, la lactancia artificial tiene efectos adversos. Que si necesitamos de ella tendremos que tomarlos en cuenta y medir el riesgo beneficio.

Volvamos a confiar en nuestros cuerpos, en nuestro super poder, en nuestro don mamífero. Ustedes creen que una gata antes de amamantar a sus crías se detiene a pensar si será capaz de alimentar a todos? Si podrá soportar las noches sin dormir? Si sabrá como darles de mamar? Si podrá gestionar la lactancia?

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Que nuestras lactancias sean exitosas, que nuestros hijos reciban nuevamente el mensaje correcto, que las lactancias maternas trasciendan nuevamente de generación en generación.

El otro día leí un testimonio en el libro “El arte femenino de amamantar” de la liga de la leche internacional, que por cierto esta excelente (tengo la última edición) y les recomiendo que lo compren, lo venden las chicas de la Liga de La Leche Ecuador . Este testimonio es de una madre que cuenta que cuando ella tenía 5 años llegó su mamá del hospital con dos bultitos en el brazo, el uno era su hermano recién nacido y el otro una muñeca para ella y su papá venía con una mecedora pequeña que la colocó junto a la mecedora de su madre y mientras su madre se mecía amamantando a su hermano ella la imitaba amamantando a su muñeca en su pequeña mecedora. Ella veía como su hermano y su madre intercambiaban miradas de amor y ella deseaba que su muñeca fuera real y estaba impaciente por crecer y dar de lactar a su propio hijo. Luego de algunos años dio a luz y cuando llegó a su casa se sentó en la mecedora y su hijo la miró y las lagrimas le corrían por sus mejillas, recordando que eso era lo que había estado esperando toda su vida.

Pongamos ese deseo en nuestras hijas o al menos esa seguridad de que pueden amamantar, que es lo natural y es lo que debe de pasar. Ninguna se cuestiona si será capaz de dar el biberón, por qué, entonces, nos cuestionamos si seremos capaces de hacer algo que es lo normal o lo natural?

… alzó su voz y le dijo: ¡dichosa la matriz que te concibió y los senos que te criaron!

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YO NACÍ CON AMOR ❤️ 

 

Soy María José Silva, soy doctora en medicina (para los que no me conocen). Durante mi formación aprendí a recibir los partos como si estos fueran una emergencia, de una manera muy impersonal, nada me unía a esas madres en labor, ni si quiera su dolor me conmovía, solo pensaba que era un proceso por el cual todas teníamos que pasar. Cuando di a luz a mi primer hijo viví en carne propia la violencia más atroz que jamas hubiera imaginando, y me sentí cómplice de la misma por tantas mujeres a las que atendí de la misma manera en que a mi me atendieron. En una habitación fría y con mucho miedo en el hospital. En donde nadie fue empático conmigo y con mi esposo, nadie nos dio una mano, nadie me dio aliento, nadie me dijo que lo estaba haciendo bien. Bajo las amenazas de las enfermeras, de que si no hacía lo que me pedían y mi hijo se moría, era mi culpa, en una sala de partos helada, por la calefacción que mantenía a las enfermeras a una temperatura perfecta para su gusto, importándoles poca cosa mi dolor y mi malestar, mientras tiritaba de frío y de miedo, bajo pujos dirigidos y maniobras de Kristeller, nació mi hijo, al que a penas me lo dejaron darle un beso y me lo arrebataron, por las santas alverjas, para devolvérmelo a las 24 horas. Me robaron el mejor día de la vida de mi hijo, me robaron ese momento sublime, me marcaron para toda la vida con un sin sabor, con mucha impotencia y con dolor, sufrimiento y tristeza. En este hospital hicieron todo lo que la OMS y las guías de práctica clínica del MSP (Ministerio de Salud Publica del Ecuador) dicen que no hay que hacer; rasurado genital, vía intravenosa, lavado intestinal, no darme de comer y de beber, maniobra de Kristeller, episiotomía, separación del bebé, administración de sucedáneos de la leche materna.

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Pero mi hija vino a cambiarme…

Ella nació en la clínica La Primavera, con amor, con respeto, con humildad, con palabras de aliento, sin amenazas, con paciencia, nadie la apresuró a nacer, nadie dirigió mis pujos. Se acercaban a abrazarme, a darme la mano, a hacerme masajes, a ayudarme a mover mi cadera, me pusieron compresas calientes y mitigaron el dolor y el miedo. Después de nacer, el dr. Diego me la puso en mi pecho, ella fue despertándose y pasando esa transición en mis brazos, con mis palabras de amor, en mi pecho, bajo mi protección. Luego lactó, mi marido (no es médico) cortó el cordón, salió la placenta, y el doctor me pidió permiso para tomarla en sus brazos. Se la ofrecí con mucho gusto. Y el con sumo respeto y humildad le dijo: “Luna, bienvenida al mundo. Soy Diego, estas son mis manos, te voy a tomar por unos segundos nada más, nadie te va a separar de tu mami”. Los bebés son seres humanos desde su concepción. Ellos sienten, ellos perciben su entorno, ellos conocen su base segura (el pecho de mamá). Me ayudaron a salir del jacuzzi y me la devolvieron y nadie, nunca más, nos volvió a separar. Mi esposo y yo nos sentimos acompañados y valorados. Mi vida cambió, yo (la nueva mamá) nací con amor y sin duda alguna, el mejor día de la vida de mi hija. Y desde entonces, mi forma de ver el embarazo y el parto cambió. Desde entonces, he buscado la forma de apoyar a las mamás para que puedan tener un parto consciente, empoderadas, seguras de ellas y de sus cuerpos. Para que nadie les arrebate el mejor día de sus vidas. Para que nadie las separe de sus hijos, para que puedan tener lactancias plenas.

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Mi último parto, el cuarto, (después de la experiencia del segundo y tercer partos tan poderosos, cómo no tener más partos, iba en busca de un parto orgásmico) fue en nuestra casa, en nuestro jacuzzi en un ambiente romántico donde el amor estaba en el aire.

Los doctores no tenemos el derecho a quitarles ese momento tan sublime, el encuentro contigo misma, con tu poder de mujer, porque todas estamos diseñadas para hacerlo y podemos hacerlo, solo necesitamos estar en un lugar en donde nos respeten, nos acojan con amor, en donde nos sintamos seguras. Un parto que viene de un embarazo sano (90% de los embarazos son sanos) no es una emergencia, es un paso más de la vida, el bebé sabe cuando nacer y nuestros cuerpos saben como nacer, no necesitamos que nadie empuje a nuestros bebés, que nadie los rote y que nadie los hale para sacarlos. Tampoco que jueguen con él y lo tomen en sus toscas manos como si fuera un juguete o un balón, que lo traten como un monigote, que se burlen de su vulnerabilidad, que pasen por alto su fragilidad, que no respeten su miedo, su trayectoria, su reto (es como si se burlaran de un enfermo terminal). El bebé siente y al nacer pasa por una transición de un útero, en el que estaba apretado, en agua y recibiendo todo a traves de la placenta, a una habitacion fría, seca en donde tiene que empezar a respirar para poder vivir. Y para empzar este nuevo reto no hay mejor lugar que estar en el pecho de mamá, envielto en sus brazos y arrullado por su dulce voz. No, los doctores no tienen el derecho a separarnos y permitir que nuestros hijos pasen este proceso llorando en unas cunas de paredes muertas. 

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“Para cambiar al mundo, hay que cambiar la forma de nacer”. (Michel Odent)

“Soy Luna y yo nací con amor respeto y con mucho cuidado”. (Luna Rodríguez 10años)

 

aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos … con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.

Habacuc 3:17-18