Maternando en tribu

   

 
… antes de empezar a escribir, hago un paréntesis … (Y es que me encantaría tener una máquina que lea mis pensamientos y los vaya escribiendo en un word… Y es que en las noches, cuando ya todos duermen y se apagan las luces, a mi se me prende el foco y me vienen las mil y un ideas y a veces me tengo que aguantar de escribir porque mi bebito no me deja ni moverme peor prender la luz porque esta tan sensible que se despierta por todo)… Pero bueno… Aquí va;Cuando nace una mamá, es decir, cada vez que nace un bebito, la mujer entra en la etapa de la maternidad. Nuestro cuerpo y alma se transforman. El cuerpo queda flácido, donde había un bebé ahora hay un hueco, las caderas quedan anchas, quedamos como que subiditas de peso, verdad 😉 … Un poco bastante, algunas tallas extra … Pero nos vemos al espejo y no logramos encontrarnos, aveces podemos llegar ha desilusionarnos. Las hormonas en esta etapa son otras, nos bañan enteras, de pies a cabeza y por donde pasan, dejan su “huella”. El alma, aquel lugar donde habitan nuestras emociones, está que revolotea. Hay sentimientos encontrados. A veces creemos haber enloquecido, estamos vulnerables a todo, si en cada periodo menstrual se levanta nuestra leona (la fiera) y nos asalta a su vez el llanto fácil … Je je.. No se diga tras el parto. Y… Quien nos entiende? ….

Aquí es donde necesitamos la tribu. 
El esposo debe ser el primer pilar. El debe encargarse de las cosas de la casa, los otros hijos, la cocina, la ropa, el debe sostenernos, cuidarnos… Ahuyentar a las visitas …(perdón, recibir a las visitas 😁), el debe hacernos barra; esa palabra de ánimo, esa caricia, ese abrazo, etc. (no vienen con ese chip, pero si los cuidamos y les enseñamos, aprenden rápido) A veces el esposo no está y necesitamos de alguien de mucha confianza que nos sostenga. Una mano amiga.

  
Pero también necesitamos un lugar de desfogue, un lugar donde me encuentre con otras mujeres en mi mismo proceso, maternando, donde yo sea escuchada, apoyada, sostenida. Donde me entiendan, me aconsejen y pueda aprender de los logros y fracasos de las demás. Donde mi locura, deja de ser locura y me puedo ver como una mamá normal. Donde me identifico y encuentro que mi vida no ha sido un caos, sino que ha sido muuuy normal. Donde comparto mis miedos, mi angustia,  mi ira o mi llanto. Ese lugar en donde sí me entienden que lloro porque me da pena de que mi bebé está a dos meses de cumplir un año y casi, casi, dejará de ser bebé… Y claro, el marido te dice: pena? Por qué ha de darme pena?  Las mamis necesitamos estos espacios, de estas mujeres en nuestro mismo proceso que sin querer se van convirtiendo en nuestras amigas, nuestras aliadas. Con las que podemos salir a comer y comemos paradas meciendo al guagua sin sentirnos extrañas y podemos conversar mientras nuestros bebés lactan y no nos da nadita de vergüenza. Con las que salimos de paseo y pic-nic y cambiamos los pañales junto a la comida sin causar las náuseas ni los fieros de ninguna. Donde nuestros corazones locos de amor laten al unísono. Donde sabemos que el abrazo del alma, aun cibernético, no tarda en llegar y … Wow… Si que llena y nos calma.

Hoy les estoy hablando de mi “regazo” (Regazo Casa de Madres), es decir ese regazo que me sostiene. Y digo mi, no porque soy la dueña, no. Nada de eso. Es mío porque ahí me siento acogida, abrazada, escuchada. Y es bueno que cada una de las mamis busquen su regazo para que le den un giro a su maternidad y la vivan acompañada. 

Para cada mujer la maternidad es un camino largo con altibajos que nunca se acaba y el caminar de la mano de otras mamis aligera el paso. Aquí les comparto los pensamientos de unas de estas mamis que me acompañan y llenan mi maternidad:

  • El Regazo es el lugar donde me siento apoyada, sostenida y no juzgada, donde puedo maternar desde mi instinto, escuchando a mi corazón, sin sentir miedo a ser reprochada por no seguir los cánones comunes de crianza. Es el sitio donde supe que no es malo criar a los hijos con respeto y amor, simplemente es una forma diferente de hacerlo.                                                                                  (Fer)
  • Hace nueve meses nací como mamá y ha sido toda una aventura. Una de las cosas más gratificantes fue encontrarme con mujeres que andan en las mismas que yo: maternando, aprendiendo, mal dormidas, pero felices y locamente enamoradas de nuestros bebés. Valoro este espacio que me ha brindado seguridad y contención. ” Tu eres mi ancla que mantiene mis pies en el suelo y yo soy las alas que mantienen tu corazón en el cielo”.                                                        ( Ana Cris)


  • El Regazo cambió mi forma de ver la maternidad, la lactancia y el apego. Vivir el día a día sabiendo que cada momento es diferente, tan lleno de incertidumbres  y de inseguridades y decir no soy la única, somos muchas que nos apoyamos para seguir adelante sintiéndonos tranquilas y viendo que lo hacemos bien. Soy feliz por tener este espacio donde todas somos tan diferentes pero nos une lo más hermoso que nos da la vida que es el instante de ser madres. (Consue)
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